En la larga historia de la humanidad, con mucha frecuencia se ha visto sacudida por la perturbación de los fundamentos morales. Nuestra generación actual está particularmente caracterizada por el abandono de todos los preceptos divinos. Los principios fundamentales que hasta hora constituían el sostén de nuestro orden social y de nuestra vida personal, por desgracia, están desaparecidos, ó son intencionadamente modificados. La honestidad, la verdad, el pudor, el respeto por la autoridad y al mismo tiempo la divina orden acerca del matrimonio y la familia, eran principios que constituían las bases morales de nuestra civilización cristiana. Hoy estas nociones se cuestionan y la mayor parte de la gente las rechaza, porque el nivel moral se halla muy bajo, cuando existe. La legislación tiende a seguir esa corriente y año tras año, se hace más permisiva; facilita el divorcio, el concubinato, el aborto, y la unión matrimonial entre homosexuales, etc.
¿Cuál debe ser el comportamiento de un creyente testigo de tal evolución? Educar una familia en este ambiente es cada vez más difícil.
El creyente, ¿tiene derecho a hacer concesiones?
¡No!; él halla un inquebrantable fundamento para su fe, en la Palabra de Dios, la verdad que no cambia, si bien se encuentra aislado frente a la opinión general (Lo que la Palabra llama el mundo) y a veces tiene que pasar por ingenuo o atrasado; pero puede firmemente contar con esa Palabra, tan actual e instructiva, como en la época en que fue escrita.
La Palabra jamás cambia;
Cambia nuestra mente humana,
Porque, el mal nos desgrana
todo su fruto indecente;
que graba el hombre en su mente,
por ser todo cosas vanas.
Hay sacerdotes que dicen:
Que la iglesia cambió mucho;
Pero es que no están muy duchos,
en la Palabra Divina,
y esto les lleva a la ruina,
por lo que veo y escucho.
Dios no cambia su Palabra,
porque Dios es Infalible;
y de cambios, Dios nos libre,
pues su Palabra es Eterna,
aunque algunos les consterna
por no gustar lo tangible.
Lo que cambian son las normas
basadas en formulismos,
que llevan a los abismos
a los que andan con historias;
Que jamás son meritorias,
son fruto de fanatismos.
Todo el mundo se pregunta:
¿Por qué hay tanto “desaguiso”
que llega, sin un aviso,
para defender al pueblo
de ésta lucha, que es un duelo,
y revienta al más sumiso?
Toda actividad humana
debe tener reglamento,
porque vivir, no es un cuento,
ya que hay que cumplir las normas,
e incluso, vendrán reformas,
para que no haya un lamento.
Demonio, mundo, y carne,
más envidia y vanidades,
son unas pocas maldades
que tenemos que dejar;
Mas, no es fácil de olvidar,
miles de calamidades.
Estamos aquí tres días;
Pero es necio el corazón,
pues siempre “tengo razón”
porque es muy grande el orgullo,
por vivir como un “capullo”
que está dentro de la flor.
El pobre, con sus miserias,
y el rico, con sus grandezas,
los dos cometen torpezas
por la ignorancia infinita,
que a los dos les debilita,
y les llena de tristezas.
Las riquezas, valen mucho.
¿Cómo lo voy a negar?
Pero, para navegar,
el marino ha de ser ducho;
Más, por todo lo que escucho,
ser feliz, es mucho más.
Ten la conciencia tranquila,
y da amor al enemigo,
y saldrás muy bendecido;
Pues no cobran por amar,
ni te maldicen por dar,
lo que tienes prometido.
La conciencia bien tranquila
es la paz de nuestro ser,
y esto es fácil de saber;
porque, no existe un consuelo,
que no venga desde el Cielo,
como puedes comprender.
Cecilio García Fernández
miércoles, 28 de julio de 2010
AVARICIA
Desde que tengo razón, jamás creí la justicia,
porque el dinero es muy fuerte, por causa de la avaricia,
que corrompe corazones, y a los hombres nos desquicia,
debido a su gran poder, para conquistar primicias.
El poder y la justicia, atropellan la razón.
La avaricia y la ambición, siempre han sido dominantes,
y ésta es la verdad que existe, en un mundo de farsantes.
Luego culpamos a Dios, por ser grandes ignorantes.
En todas partes del mundo, suenan los mismos tambores.
Los pobres, se mueren de hambre, de miserias y dolores.
Las jerarquías más altas, suben por escalafones;
Van cargados de medallas, porque no tienen rubores.
Tribunales de justicia, que atropellan las razones:
Ni defienden a los niños, que se mueren por millones.
¡Las riquezas abundantes, y las miserias también!
Mas, ¿Cómo están repartidas? Tú lo sabes, yo también.
Muchos hombres ignorantes, echan la culpa al Señor.
No conocen Su Palabra y cometen gran error.
El Señor puso en la tierra, los más ricos ingredientes.
¿Quién los reparte? Los hombres; pero los más insolentes.
Cristo murió en una cruz, para salvarnos a todos;
Pero el hombre le desprecia, porque somos como lobos.
La religión le mató, porque odiaban la justicia.
Ya cuando vino Jesús, dominaba la avaricia.
Dime: ¿Qué habló de los ricos, incluyendo religiones?
Él juzgará la avaricia, que hay en nuestros corazones.
Los niños se salvan todos. Ellos no buscan riquezas.
Los niños quieren amor; ¡Pero mueren en las guerras!
Pero, ¿Quién hace las guerras, en éste mundo maltrecho?
Las haces siempre los mismos, no dudarlo. Es un hecho.
Las guerras traen el hambre, también traen las riquezas;
Pero las hacen los hombres, los que tienen más flaquezas.
Cecilio García Fernández.
San Martín de Podes
porque el dinero es muy fuerte, por causa de la avaricia,
que corrompe corazones, y a los hombres nos desquicia,
debido a su gran poder, para conquistar primicias.
El poder y la justicia, atropellan la razón.
La avaricia y la ambición, siempre han sido dominantes,
y ésta es la verdad que existe, en un mundo de farsantes.
Luego culpamos a Dios, por ser grandes ignorantes.
En todas partes del mundo, suenan los mismos tambores.
Los pobres, se mueren de hambre, de miserias y dolores.
Las jerarquías más altas, suben por escalafones;
Van cargados de medallas, porque no tienen rubores.
Tribunales de justicia, que atropellan las razones:
Ni defienden a los niños, que se mueren por millones.
¡Las riquezas abundantes, y las miserias también!
Mas, ¿Cómo están repartidas? Tú lo sabes, yo también.
Muchos hombres ignorantes, echan la culpa al Señor.
No conocen Su Palabra y cometen gran error.
El Señor puso en la tierra, los más ricos ingredientes.
¿Quién los reparte? Los hombres; pero los más insolentes.
Cristo murió en una cruz, para salvarnos a todos;
Pero el hombre le desprecia, porque somos como lobos.
La religión le mató, porque odiaban la justicia.
Ya cuando vino Jesús, dominaba la avaricia.
Dime: ¿Qué habló de los ricos, incluyendo religiones?
Él juzgará la avaricia, que hay en nuestros corazones.
Los niños se salvan todos. Ellos no buscan riquezas.
Los niños quieren amor; ¡Pero mueren en las guerras!
Pero, ¿Quién hace las guerras, en éste mundo maltrecho?
Las haces siempre los mismos, no dudarlo. Es un hecho.
Las guerras traen el hambre, también traen las riquezas;
Pero las hacen los hombres, los que tienen más flaquezas.
Cecilio García Fernández.
San Martín de Podes
AURINA Y ANGEL DEL CASERO. San Martín de Podes
Aurina, la del Casero, con un Angel se casó;
No con un Ángel del Cielo. ¡Esto lo aseguro yo!
Éste hermoso matrimonio, se conoció en San Martín,
que es el pueblo de Gozón, que tiene principio y fin.
Sus padres fueron muy fieles, y buenos trabajadores.
El pueblo les respetaba, y con todos los honores.
Eran amables con todos, yo diría que en exceso,
pues tenían humildad, y hoy en el mundo, no hay eso.
Jamás fueron criticones, y fueron muy serviciales.
¿Quién goza hoy de esos dones? ¡Hoy todo son vanidades!
Yo siempre los admiré, ¡Doy mi palabra de honor!
¡Es que para ser tan buenos, hay que tener mucho amor!
Yo no conozco a sus nietos; Pero sí les felicito,
ya que lo bueno se hereda; pero, hasta lo infinito.
¡De Aurina, que voy decir! La conoce todo el mundo.
No hacen falta mis palabras ¿Verdad que no me confundo?
Yo no tengo tu humildad, y sé que tengo razón,
ya que yo tengo mal genio, aunque no mal corazón.
A tu esposo le conozco, lo mismo que ha mis hermanos.
Sois los dos, un caudal, pues tenéis limpias las manos.
Vuestra nobleza es muy grande. ¡Darle las gracias a Dios!
Es un “don” que Dios reparte ¡Dios siempre tiene razón!
Que el Señor os dé salud, que la tenéis merecida.
Que vuestros hijos se gocen y disfruten de la vida.
¡Que pena que vuestros padres, no gocen de éstos momentos,
que bien que lo merecían, ya que fueron un portento.
Solo os pido una cosa, con todo mi corazón,
que dejéis siempre a Cristo, muy dentro del corazón.
Satanás siempre fue astuto. Se viste de Angel de luz;
Pero, Cristo nos avisa, y dio Su vida en la Cruz.
Después que un hombre se muere, se terminan las historias.
Son palabras de Jesús, que yo tengo en la memoria.
La salvación es en vida. No existen los purgatorios.
Yo creo, se confundieron con los hornos crematorios.
Jesús no rezó por muertos, ni mencionó funerales.
Eso son cosas de hombres, para aumentar sus caudales.
Si dudáis de mis palabras, leer bien las del Señor,
y si habla de purgatorios, soy un hombre sin honor.
Los hombres tienen cultura y dirige religiones;
Pero es perversa la usura, que existe en los corazones.
Cristo buscó los humildes y puros de corazón.
¡Cuántos murieron por Él, por conocer Su RAZÓN!
Hay que leer Su Palabra, con todas las consecuencias,
y no hacer caso de hombres, que tienen malas conciencias.
¡Señor: Te pido por mis amigos, usa tú benevolencia!
Ellos no te han conocido; pero tú, tienes paciencia.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
No con un Ángel del Cielo. ¡Esto lo aseguro yo!
Éste hermoso matrimonio, se conoció en San Martín,
que es el pueblo de Gozón, que tiene principio y fin.
Sus padres fueron muy fieles, y buenos trabajadores.
El pueblo les respetaba, y con todos los honores.
Eran amables con todos, yo diría que en exceso,
pues tenían humildad, y hoy en el mundo, no hay eso.
Jamás fueron criticones, y fueron muy serviciales.
¿Quién goza hoy de esos dones? ¡Hoy todo son vanidades!
Yo siempre los admiré, ¡Doy mi palabra de honor!
¡Es que para ser tan buenos, hay que tener mucho amor!
Yo no conozco a sus nietos; Pero sí les felicito,
ya que lo bueno se hereda; pero, hasta lo infinito.
¡De Aurina, que voy decir! La conoce todo el mundo.
No hacen falta mis palabras ¿Verdad que no me confundo?
Yo no tengo tu humildad, y sé que tengo razón,
ya que yo tengo mal genio, aunque no mal corazón.
A tu esposo le conozco, lo mismo que ha mis hermanos.
Sois los dos, un caudal, pues tenéis limpias las manos.
Vuestra nobleza es muy grande. ¡Darle las gracias a Dios!
Es un “don” que Dios reparte ¡Dios siempre tiene razón!
Que el Señor os dé salud, que la tenéis merecida.
Que vuestros hijos se gocen y disfruten de la vida.
¡Que pena que vuestros padres, no gocen de éstos momentos,
que bien que lo merecían, ya que fueron un portento.
Solo os pido una cosa, con todo mi corazón,
que dejéis siempre a Cristo, muy dentro del corazón.
Satanás siempre fue astuto. Se viste de Angel de luz;
Pero, Cristo nos avisa, y dio Su vida en la Cruz.
Después que un hombre se muere, se terminan las historias.
Son palabras de Jesús, que yo tengo en la memoria.
La salvación es en vida. No existen los purgatorios.
Yo creo, se confundieron con los hornos crematorios.
Jesús no rezó por muertos, ni mencionó funerales.
Eso son cosas de hombres, para aumentar sus caudales.
Si dudáis de mis palabras, leer bien las del Señor,
y si habla de purgatorios, soy un hombre sin honor.
Los hombres tienen cultura y dirige religiones;
Pero es perversa la usura, que existe en los corazones.
Cristo buscó los humildes y puros de corazón.
¡Cuántos murieron por Él, por conocer Su RAZÓN!
Hay que leer Su Palabra, con todas las consecuencias,
y no hacer caso de hombres, que tienen malas conciencias.
¡Señor: Te pido por mis amigos, usa tú benevolencia!
Ellos no te han conocido; pero tú, tienes paciencia.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
ASTURIAS PATRIA QUERIDA
Todo el que conoce Asturias, se termina enamorando
de sus famosas montañas, con el verdor de sus campos,
y tantas playas hermosas, que son embrujos, ó encantos,
para broncear los cuerpos, de todos los que están blancos.
Gozamos de muchas minas; pero hay mucho cojo, y manco;
pero alimenta a mineros, que mueren todos luchando,
y los pulmones muy negros, por el polvo que han tragado,
que contamina a los pobres, que viven para el trabajo.
Mineros que dais la vida, por mantener la familia,
pedir a los empresarios, que abandonen la codicia;
Pues bastantes se enaltecen, de egoísmo y avaricia,
enriqueciendo sus cuentas, fruto de tanta inmundicia.
Asturias goza de puertos, de carga de mercancías;
y puertos, para la pesca, que es una gran garantía,
para alimentar al pueblo, con el pescado del día,
ya que el pez, bien congelado, no goza de garantía.
De Santander a Galicia, la está bañando un mar bravo,
que rompe sus fuertes olas, que mojan rocas y prados,
y van lamiendo la arena, que el Creador nos ha dado,
para retener las aguas, que son otro buen regalo.
Goza de playas y puertos, que son refugio de barcos,
que esperan muy placenteros, la carga que anhelan tanto.
Es una tierra bendita, por el Espíritu Santo,
y damos gracias al Cielo, por poder gozar de tanto.
Luego, tenemos las playas, especiales para baños,
con arenas blanquecinas, de muy diversos tamaños.
Gozamos de muchos puertos, en este mar fuerte y bravo,
donde arriban los pesqueros, de Cudillero ó Luanco.
¿Conoces el de Avilés? ¡Mirar que es como un encanto!
¿Qué dices de Cudillero? Que es suave, igual que un manto.
¡Fue la obra del Señor, por eso se aprecia tanto!
¿Hablamos del de Candás? ¿Será mejor que el de Luanco?
No mencioné el de Gijón, pero voy a mencionarlo,
pues los barcos que allí anclan, son barcos de gran tamaño.
Hay naves, de todo tipo, y está lleno todo el año.
Naves que recorren puertos, que navegan por mil mares,
incluso, rompiendo hielos, de océanos polares.
¿Qué te parecen sus calles, y hasta un humilde rincón?
Las gentes van por sus calles, con la debida ilusión,
como si fueran por valles con mucha vegetación.
De Gijón, me voy a Oviedo, capital bien situada.
La capital más preciosa, que un exigente soñara.
Mucho debemos a Dios, por esta "tierrina" amada;
pero sigamos luchando, juntos como fiel manada.
Asturias patria querida, nos tienes enamorados.
Asturianos emigrantes: No os hemos olvido.
Venir a vuestra ” tierrina”, que habéis abandonado,
para luchar por la vida, ó para no ser soldado.
Covadonga está en un alto; pero muy alta la quiero.
Las nubes pasan volando, desde la tierra hasta el Cielo.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
de sus famosas montañas, con el verdor de sus campos,
y tantas playas hermosas, que son embrujos, ó encantos,
para broncear los cuerpos, de todos los que están blancos.
Gozamos de muchas minas; pero hay mucho cojo, y manco;
pero alimenta a mineros, que mueren todos luchando,
y los pulmones muy negros, por el polvo que han tragado,
que contamina a los pobres, que viven para el trabajo.
Mineros que dais la vida, por mantener la familia,
pedir a los empresarios, que abandonen la codicia;
Pues bastantes se enaltecen, de egoísmo y avaricia,
enriqueciendo sus cuentas, fruto de tanta inmundicia.
Asturias goza de puertos, de carga de mercancías;
y puertos, para la pesca, que es una gran garantía,
para alimentar al pueblo, con el pescado del día,
ya que el pez, bien congelado, no goza de garantía.
De Santander a Galicia, la está bañando un mar bravo,
que rompe sus fuertes olas, que mojan rocas y prados,
y van lamiendo la arena, que el Creador nos ha dado,
para retener las aguas, que son otro buen regalo.
Goza de playas y puertos, que son refugio de barcos,
que esperan muy placenteros, la carga que anhelan tanto.
Es una tierra bendita, por el Espíritu Santo,
y damos gracias al Cielo, por poder gozar de tanto.
Luego, tenemos las playas, especiales para baños,
con arenas blanquecinas, de muy diversos tamaños.
Gozamos de muchos puertos, en este mar fuerte y bravo,
donde arriban los pesqueros, de Cudillero ó Luanco.
¿Conoces el de Avilés? ¡Mirar que es como un encanto!
¿Qué dices de Cudillero? Que es suave, igual que un manto.
¡Fue la obra del Señor, por eso se aprecia tanto!
¿Hablamos del de Candás? ¿Será mejor que el de Luanco?
No mencioné el de Gijón, pero voy a mencionarlo,
pues los barcos que allí anclan, son barcos de gran tamaño.
Hay naves, de todo tipo, y está lleno todo el año.
Naves que recorren puertos, que navegan por mil mares,
incluso, rompiendo hielos, de océanos polares.
¿Qué te parecen sus calles, y hasta un humilde rincón?
Las gentes van por sus calles, con la debida ilusión,
como si fueran por valles con mucha vegetación.
De Gijón, me voy a Oviedo, capital bien situada.
La capital más preciosa, que un exigente soñara.
Mucho debemos a Dios, por esta "tierrina" amada;
pero sigamos luchando, juntos como fiel manada.
Asturias patria querida, nos tienes enamorados.
Asturianos emigrantes: No os hemos olvido.
Venir a vuestra ” tierrina”, que habéis abandonado,
para luchar por la vida, ó para no ser soldado.
Covadonga está en un alto; pero muy alta la quiero.
Las nubes pasan volando, desde la tierra hasta el Cielo.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
LAS CODICIAS
La codicia es muy astuta
y casi no hay quien la vea.
Actúa como batuta,
en las conciencias ajenas,
para cambiar el compás,
y hacer lo que no deseas.
Hacen, como la cizaña,
las que siembran en la tierra,
para destrozar el fruto,
que manos santas y tiernas,
han trabajado, sudando,
con honradez y conciencia;
Porque la vida nos brinda
jugadas que no son buenas.
Que matan con injusticias,
el amor y causas bellas,
que por suerte, en ésta vida,
no todo serán querellas.
Ya sé que Adán fue un ingrato,
y Eva, fue una mujer bella,
que lo engañó con astucia,
como Satanás a ella;
Pues la codicia nos mata
porque la ambición es terca;
y la mujer es muy hábil,
si el hombre no se despierta,
ante la Palabra Santa,
que es sabia, y siempre eterna,
que busca solo el amor
debajo de las estrellas,
para alcanzar perfecciones
que no se logran sin ella.
Luego, para más desgracia,
se juzga altaneramente,
y esto tiene poca gracia;
y perturba nuestra mente.
El orgullo es peligroso,
porque el orgullo enaltece,
y además nos envanece
y siempre sigue en sus trece.
El orgullo me estremece,
pues jamás seca, se crece,
como toda mala hierba
que nos siembra el enemigo,
para matarnos de hambre,
porque no ha crecido el trigo.
Hoy me asustan las maldades
que hay en nuestros corazones;
Porque envenenan las mentes
y no entramos en razones.
Siempre creyéndonos santos,
y viviendo de ilusiones,
que es engañarse uno mismo,
concediéndote perdones.
La codicia, la avaricia,
la envidia y la vanidad,
son partes de la maldad,
que nuestra mente cosecha;
Más el rencor a la brecha,
cerca de la hipocresía,
que suman más letanía
que todos vamos pagar;
pero existe más maldad
que no conviene olvidar.
Hay mentiras compulsivas
y promiscuidad sexual,
sin olvidar la lascivia,
que es otra fuente del mal.
Que decir del ocultismo
y de la pornografía
que nos mete en el abismo,
por vivir sin armonía.
Éstas maldades citadas;
Más mil, que voy a callar,
todas serán perdonadas
discerniendo el bien del mal;
Porque a Cristo el Poderoso,
puedes pedirle perdón,
reconocer su Palabra,
y humillarte ante Su amor.
No te confieses con hombres
que pecan como nosotros,
y por esto no te asombres,
porque son muy vanidosos.
No salgas en procesiones
por ser pura idolatría,
por adorar a un madero,
que fue un árbol, en su día.
Cristo lo perdona todo
y no pone penitencias,
y nos saca de los lodos,
sin hacerle reverencias.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
y casi no hay quien la vea.
Actúa como batuta,
en las conciencias ajenas,
para cambiar el compás,
y hacer lo que no deseas.
Hacen, como la cizaña,
las que siembran en la tierra,
para destrozar el fruto,
que manos santas y tiernas,
han trabajado, sudando,
con honradez y conciencia;
Porque la vida nos brinda
jugadas que no son buenas.
Que matan con injusticias,
el amor y causas bellas,
que por suerte, en ésta vida,
no todo serán querellas.
Ya sé que Adán fue un ingrato,
y Eva, fue una mujer bella,
que lo engañó con astucia,
como Satanás a ella;
Pues la codicia nos mata
porque la ambición es terca;
y la mujer es muy hábil,
si el hombre no se despierta,
ante la Palabra Santa,
que es sabia, y siempre eterna,
que busca solo el amor
debajo de las estrellas,
para alcanzar perfecciones
que no se logran sin ella.
Luego, para más desgracia,
se juzga altaneramente,
y esto tiene poca gracia;
y perturba nuestra mente.
El orgullo es peligroso,
porque el orgullo enaltece,
y además nos envanece
y siempre sigue en sus trece.
El orgullo me estremece,
pues jamás seca, se crece,
como toda mala hierba
que nos siembra el enemigo,
para matarnos de hambre,
porque no ha crecido el trigo.
Hoy me asustan las maldades
que hay en nuestros corazones;
Porque envenenan las mentes
y no entramos en razones.
Siempre creyéndonos santos,
y viviendo de ilusiones,
que es engañarse uno mismo,
concediéndote perdones.
La codicia, la avaricia,
la envidia y la vanidad,
son partes de la maldad,
que nuestra mente cosecha;
Más el rencor a la brecha,
cerca de la hipocresía,
que suman más letanía
que todos vamos pagar;
pero existe más maldad
que no conviene olvidar.
Hay mentiras compulsivas
y promiscuidad sexual,
sin olvidar la lascivia,
que es otra fuente del mal.
Que decir del ocultismo
y de la pornografía
que nos mete en el abismo,
por vivir sin armonía.
Éstas maldades citadas;
Más mil, que voy a callar,
todas serán perdonadas
discerniendo el bien del mal;
Porque a Cristo el Poderoso,
puedes pedirle perdón,
reconocer su Palabra,
y humillarte ante Su amor.
No te confieses con hombres
que pecan como nosotros,
y por esto no te asombres,
porque son muy vanidosos.
No salgas en procesiones
por ser pura idolatría,
por adorar a un madero,
que fue un árbol, en su día.
Cristo lo perdona todo
y no pone penitencias,
y nos saca de los lodos,
sin hacerle reverencias.
San Martín de Podes
Cecilio García Fernández.
CLAMAÉ AL CIELO.....
Por propia voluntad, yo clamo al Cielo,
sabiendo que el Señor siempre me escucha,
sabiendo que él me da su gran consuelo,
y me dio de beber, su agua pura, Gloria del Cielo,
que riega nuestro ser, con tal esmero,
y refresca las almas, como abundante ducha.
Te quisiera decir, Señor, en estas horas,
que perdones mi angustia y mi lamento,
pues la vida me ha dado ya de todo,
y no debo formular -de ningún modo-
una queja o protesta -por decoro-
pues quejarme yo a ti, sería una ofensa.
¿Qué se puede decir que no te ofenda,
sabiendo bien que somos pecadores?
¡Ayúdame Señor, Tu buena recompensa
me fortalece, y ya no habrá temores!
Bendito todo aquel, que el bien merece,
porque al creer en ti, no hay muerte ni dolor,
saber que todo aquel que te aborrece,
murió en sus trece, por odio y por rencor.
¡Que grande es la ignorancia de los hombres.
No admitimos la ayuda, ni el consejo,
teniendo su saber, y su opinión, como segura,
sin poder percibir, si es liebre, o es conejo!
El orgullo que arrastra las pasiones,
nos lo pagan muchas veces con desprecio.
Un amor que conversa, razonando,
es el sabio que siempre nos perdona,
por tener en su alma santa aroma
que el cristiano más puro lleva dentro.
Hay preceptos muy viejos en la vida,
que enseñan, con paciencia y con cordura,
cual es la causa y sufrimiento de la herida,
ya que la misma, se acepta por segura.
Paciencia, amor y mucha fortaleza,
es Santa medicina, que evita la locura.
Con la copa de amor muy bien colmada,
en éste, nunca lleno, amado corazón,
Honremos a Jesús, que de la Nada,
nos ha esculpido en fe, nuestra razón.
Cecilio García Fernández
sabiendo que el Señor siempre me escucha,
sabiendo que él me da su gran consuelo,
y me dio de beber, su agua pura, Gloria del Cielo,
que riega nuestro ser, con tal esmero,
y refresca las almas, como abundante ducha.
Te quisiera decir, Señor, en estas horas,
que perdones mi angustia y mi lamento,
pues la vida me ha dado ya de todo,
y no debo formular -de ningún modo-
una queja o protesta -por decoro-
pues quejarme yo a ti, sería una ofensa.
¿Qué se puede decir que no te ofenda,
sabiendo bien que somos pecadores?
¡Ayúdame Señor, Tu buena recompensa
me fortalece, y ya no habrá temores!
Bendito todo aquel, que el bien merece,
porque al creer en ti, no hay muerte ni dolor,
saber que todo aquel que te aborrece,
murió en sus trece, por odio y por rencor.
¡Que grande es la ignorancia de los hombres.
No admitimos la ayuda, ni el consejo,
teniendo su saber, y su opinión, como segura,
sin poder percibir, si es liebre, o es conejo!
El orgullo que arrastra las pasiones,
nos lo pagan muchas veces con desprecio.
Un amor que conversa, razonando,
es el sabio que siempre nos perdona,
por tener en su alma santa aroma
que el cristiano más puro lleva dentro.
Hay preceptos muy viejos en la vida,
que enseñan, con paciencia y con cordura,
cual es la causa y sufrimiento de la herida,
ya que la misma, se acepta por segura.
Paciencia, amor y mucha fortaleza,
es Santa medicina, que evita la locura.
Con la copa de amor muy bien colmada,
en éste, nunca lleno, amado corazón,
Honremos a Jesús, que de la Nada,
nos ha esculpido en fe, nuestra razón.
Cecilio García Fernández
CASCARRILLOS
Si nos han hecho una ofensa
que ya duerme en el olvido,
hay que andar muy prevenido,
porque suele suceder,
que quien nos quiere morder,
es alguien muy reprimido.
Huye de los rencorosos
que almacenan mil rencores,
y en los primeros albores
ya los quieren descargar,
pues su ilusión, es dañar,
y no transmiten amores.
Busca bien tus compañías,
por ser el mejor acierto,
porque es preferible un tuerto
que dos ojos rencorosos,
que suelen ser dolorosos,
si es que tú no estas despierto.
Con nuestro comportamiento
no perdamos la vergüenza-
tengamos siempre paciencia
y mantengamos el juicio-
porque sabemos que el vicio,
termina, donde comienza.
El amigo de lo ajeno
suele ser siempre ladrón,
pues su mayor afición-
es tener cosas ajenas,
su premio son las cadenas-
en una humilde prisión.
Si respetas al anciano
recogerás recompensa,
pues el pan de la despensa-
jamás te puede faltar,
porque aquel que sabe dar-
es un hombre, con clemencia.
No consientas que te adulen,
pues jamás un adulón,
supo lo que era razón,
y el hombre que no es sincero,
no tendrá un Angel del Cielo,
que le preste protección
Siempre antes de dar un paso,
mira donde vas pisar-
te puedes equivocar,
pues todos somos humanos-
¿Están limpias nuestras manos?
Tenemos que preguntar.
Aquellos que arman revueltas,
suelen ser muy altaneros-
y siempre son los primeros
en pisar al afligido-
por eso a todos yo digo,
seamos siempre sinceros.
Aquel que nos da consejos,
le ha costado el adquirirlos
-pero anda, que digerirlos,
cuestan años y paciencia-
Hagamos la reverencia,
un poco antes de pedirlos.
Todos estos “chascarrillos”,
suelen dar buenos consejos,
que solo saben los viejos;
porque saben bien “pescar”,
todo lo que van a dar,
y no se quedan perplejos.
Yo archivé -en disco duro-
muchas penas y alegrías,
halagos, palabrerías,
y miles de desengaños;
Pero esto -todos los años-
Contando, meses y días,
Todo cuanto medité,
fue en tiempos de sufrimiento,
que es cuando entra el desaliento.
Y al comprender esta vida,
sangra abundante mi herida,
porque la llevo muy dentro.
De no conocer a Cristo,
no comprendería nada;
Pues esto es una ensalada,
con muy poco condimento;
Pero saber que no miento,
yo voy a la fuente clara.
Cecilio García Fernández
San Martín de Podes
que ya duerme en el olvido,
hay que andar muy prevenido,
porque suele suceder,
que quien nos quiere morder,
es alguien muy reprimido.
Huye de los rencorosos
que almacenan mil rencores,
y en los primeros albores
ya los quieren descargar,
pues su ilusión, es dañar,
y no transmiten amores.
Busca bien tus compañías,
por ser el mejor acierto,
porque es preferible un tuerto
que dos ojos rencorosos,
que suelen ser dolorosos,
si es que tú no estas despierto.
Con nuestro comportamiento
no perdamos la vergüenza-
tengamos siempre paciencia
y mantengamos el juicio-
porque sabemos que el vicio,
termina, donde comienza.
El amigo de lo ajeno
suele ser siempre ladrón,
pues su mayor afición-
es tener cosas ajenas,
su premio son las cadenas-
en una humilde prisión.
Si respetas al anciano
recogerás recompensa,
pues el pan de la despensa-
jamás te puede faltar,
porque aquel que sabe dar-
es un hombre, con clemencia.
No consientas que te adulen,
pues jamás un adulón,
supo lo que era razón,
y el hombre que no es sincero,
no tendrá un Angel del Cielo,
que le preste protección
Siempre antes de dar un paso,
mira donde vas pisar-
te puedes equivocar,
pues todos somos humanos-
¿Están limpias nuestras manos?
Tenemos que preguntar.
Aquellos que arman revueltas,
suelen ser muy altaneros-
y siempre son los primeros
en pisar al afligido-
por eso a todos yo digo,
seamos siempre sinceros.
Aquel que nos da consejos,
le ha costado el adquirirlos
-pero anda, que digerirlos,
cuestan años y paciencia-
Hagamos la reverencia,
un poco antes de pedirlos.
Todos estos “chascarrillos”,
suelen dar buenos consejos,
que solo saben los viejos;
porque saben bien “pescar”,
todo lo que van a dar,
y no se quedan perplejos.
Yo archivé -en disco duro-
muchas penas y alegrías,
halagos, palabrerías,
y miles de desengaños;
Pero esto -todos los años-
Contando, meses y días,
Todo cuanto medité,
fue en tiempos de sufrimiento,
que es cuando entra el desaliento.
Y al comprender esta vida,
sangra abundante mi herida,
porque la llevo muy dentro.
De no conocer a Cristo,
no comprendería nada;
Pues esto es una ensalada,
con muy poco condimento;
Pero saber que no miento,
yo voy a la fuente clara.
Cecilio García Fernández
San Martín de Podes
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